Mi segundo parto, hijo número 2
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Mi segundo parto: hijo número 2

Continuando con mi historia, hoy quiero relatar la experiencia de mi segundo parto, hijo número 2.

Hijo número dos

Ya habían pasado 12 años y 10 meses desde mi primer parto y me sentía como si fuera una madre primeriza de nuevo. No es de extrañar que después de tanto tiempo creyera que todo iba a ser nuevo, como si no recordara lo que había vivido mi primera vez.

El embarazo

En cualquier caso, mi segundo embarazo fue sobre ruedas, no hubo ningún tipo de complicación, además me sentí apoyada y arropada por mi familia. Llegué a la semana 41 y 3 días de regalo, cuando me puse de parto con una rotura de bolsa al igual que sucedió en mi primer parto. Fue muy curioso, porque la hora en la que me puse de parto es muy similar a la del primer parto.

Recordáis que conté en el post del Mi primer parto: hijo número 1 que se me rompió la bolsa sobre las tres de la tarde, pues en mi segundo parto, mi hijo número dos quiso llegar a este mundo más o menos sobre la misma hora.

Así pues, sobre las tres de la tarde, rompí aguas mientras me encontraba en el baño. Esto ya me sonaba familiar, pues ya había tenido esa misma experiencia. Enseguida mi hijo mayor llamó a mi marido y nos fuimos hacia el hospital.

En el Hospital

Hace 21 años contaba que, en mi primer parto, el hospital era un caos. Pues con los años mejoró en estructura y en la atención al paciente. No tuve que esperar casi nada para entrar a que me hicieran las primeras observaciones, tan solo el tiempo que llevó el registro.

Sala de monitores

Una vez dentro y comprueban que tengo la bolsa rota, me pasan a la sala de monitores. Teniendo en cuenta que estaba sin una sola contracción me podían haber mandado a casa de nuevo. No obstante, aquí si te encuentras con la bolsa rota, te quedas ingresada. Y así fue que me subieron a planta directamente después de comprobar que mi bebé estaba en perfecto estado.

En la planta

Ya en planta instalada en mi habitación, tocaba esperar hasta que comenzaran las contracciones. Sin embargo, también cabía la posibilidad de que, una vez pasadas las 24 horas desde la rotura de la bolsa, me pusieran oxitocina sintética para la inducción al parto. Cosa que no me hacía mucha gracia, porque no tenía mucha información al respecto, y no me daba buena espina.

Pero no hizo falta, ya que hacia las doce de la media noche empezaron las primeras contracciones. Durante al menos dos horas más permanecí en la planta. Iba caminando de un lado a otro, hasta que las contracciones se volvieron cada vez más seguidas. Entonces, me volvieron a bajar de nuevo a la sala de monitores.

De vuelta a la sala de monitores

En aquel momento contaba con seis centímetros de dilatación, pero hasta que no avanzara me tendrían allí hasta el último momento. Quise pedir la epidural, de hecho la pedí, pero con el revuelo que había allí nunca la recibí.

Revuelo porque la sala de monitores parecía un gallinero. Todas las camas ocupadas con mujeres embarazadas gritando y hacinadas como si fuéramos gallinas.

Hace ocho años ya existía el plan de parto y nacimiento, sin embargo, yo lo desconocía. Por ello, las preferencias sobre el parto no estaban claras y no tuvieron muy en cuenta mis peticiones.

Desde las dos de la mañana hasta que nació mi segundo hijo, estuve agonizando de dolor. Cada vez que mi marido pedía que viniera una matrona, tardaban en venir a ver cómo iba mi dilatación una media de 15 minutos.

Cuando la matrona llegaba a mi camilla, nos contestaba que no podía hacer nada porque estaba ella sola para todas aquellas mujeres. Mi marido no paraba de pedirles por favor que vinieran a verme, que me estaba desangrando y aquello no era normal. Al parecer, yo ya estaba a un centímetro de los diez de la dilatación, pero no había ningún paritorio libre y no podían hacer nada.

Yo no sabía qué hacer, tan sólo me daba la vida para retorcerme e intentar no empujar. Porque cada vez que me llegaba una contracción de las fuertes, notaba la presión de mi bebé y la sangre salir de mi interior.

Cuando crees haber sufrido el dolor más horrible en el primer parto, el segundo te golpea con todas sus fuerzas.

Paritorio

Finalmente me pudieron pasar al paritorio, por fin había tocado mi turno. Si te digo que, estar esperando a que se quedara libre un paritorio no es nada en comparación con lo siguiente, ¿me crees?

Para más inri, llegados al paritorio hacen salir a mi marido a la sala de espera. Dijeron que era porque había que prepararme, vamos, que casi se queda sin ver nacer a su primer hijo. Yo casi sin poder respirar y diciéndoles que mi marido estaba fuera. Pero esto no fue lo peor.

Nada, ya estamos en el proceso del parto, y ¿qué pasa? que se va la luz. Sí sí, todo a oscuras, no se oye el corazón del bebé, no funciona el aparatito de las contracciones…horrible.

La única cosa que yo agradeceré en el alma, es la matrona que me tocó en paritorio. Una mujer con experiencia, decidida, que me animaba. Con ella no hizo falta ninguna tecnología para que en mi segundo parto, hijo número 2 llegara al mundo.

Puerperio

Creo que fue la sala que más me gusto de toda mi estancia en el hospital. A pesar de todas las embarazadas que aquella noche dieron a luz. Cuando nos mudamos a la sala de puerperio, allí no había ni un alma. Nos encontrábamos los tres, con unas luces tenues, y en paz haciendo piel con piel.

Ya ves, es verdad que todo fue un poco caótico, pero al final en mi segundo parto, hijo número 2, nació a las cinco y diez de la mañana con tres kilos ochocientos veinte gramos. Eso sí, no faltaron los dos puntos de sutura por desgarro vaginal.

Si quieres contarme alguna inquietud o quieres hacer un aporte, deja un comentario, siempre será bienvenido.

Soy una canaria de 38 años, mi nombre es Telva, tengo tres hijos, uno de 21, otro de 8 y el peque de 1 año. Me gustaría transmitir mis inquietudes en mi blog para que así me conozcáis un poco más.

comentarios

  • Virginia Silence

    Madre mía, pero qué guáperrima, ya se ne nota con experiencia.
    Yo salí del paritorio como de la guerra, unos pelos, una cara…
    Jajajajaja
    Hasta el niño daba miedo, con su pelito lleno de meconio, parería un Troll (no me le bañaron hasta el día siguiente).

    • Madredetres

      Ála, seguro que es para menos, fíjate que yo ahí no me veo muy allá, pero como mi niño salió como un muñeco (amor de madre), quise poner la foto igual. Un bezaso ☺️

Me encantaría saber lo que piensas, así que no te cortes y déjame un comentario!

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